Estas Leyendo

Todos tenemos la oportunidad de dar un giro a nuestras vidas, si tomamos conciencia de donde estamos, qué queremos cambiar, qué queremos lograr, y nos enfocamos perseverantemente en la dirección de la concreción de nuestros propósitos. Sólo hace falta ver con claridad nuestro propósito, tener un gran anhelo de manifestarlo en la realidad, una firme determinación, un plan a desarrollar, y persistencia, persistencia, persistencia, aún en los momentos en que se presenten obstáculos en el desarrollo de nuestro plan.

En el camino tenemos valiosos aprendizajes y cuando lo volvamos a intentar, tendremos además la convicción de haberlo logrado, lo que nos dará la fuerza y el entusiasmo para ir aún más allá, a la realización de nuestras mejores y más grandes visiones de nosotros mismos.

Los siguientes extractos, corresponden a una historia verídica publicada en el libro de Jack Canfield Y Mark Hansen, Chocolate Caliente para el Alma.

Dispuesto a Pagar el Precio

“Durante el día le trabajaba en una panadería,  y por la noche el  y su mujer escuchaban cintas de audio para aprender inglés. Más tarde supe que dormían en bolsas llenas de aserrín en el piso de la parte trasera de la panadería.

En Vietnam la familia Van Vu, era una de las más ricas del Sudeste Asiático… Sin embargo, después del brutal asesinato de su padre, Le se trasladó a Vietnam del Sur con la madre, donde estudió y pudo recibirse de abogado. Igual que su padre. Le prosperó….y se convirtió en uno de los constructores más exitosos del país. …

Con todo, en un viaje al Norte, Le fue capturado por los norvienamitas y encerrado en la cárcel durante tres años.  Escapó…y regresó a Vietnam del Sur donde volvieron a arrestarlo. Después de cumplir su condena en prisión, Le salió e inició una compañía pesquera, hasta convertirse en la mayor envasadora de Vietnam del Sur.

barco_pesquero

Cuando Le se enteró que las tropas norteamericanas y el personal de la embajada estaban por salir de su país, tomó una decisión que cambiaría su vida. Tomó todo el oro que había acumulado, y se dirigió con su esposa a una nave norteamericana anclada en el puerto…donde cambió toda su riqueza por un pasaje de Vietnam a Filipinas, dónde él y su esposa fueron alojados en un campo de refugiados…Dos años más tarde, rumbo a Estados Unidos, Le había desarrollado con éxito toda la industria pesquera en Filipinas. Pero cuando iba a Estados Unidos, Le se sintió deprimido y angustiado, ante la perspectiva de tener que volver a empezar de cero….Cuando él y su mujer llegaron a Houston en 1972, estaban quebrados y no hablaban nada de inglés.
El primo de Le en Houston, les ofreció empleo en la panadería, tanto a Le, como a su esposa. Su ingreso anual, era de quince mil seiscientos dólares. El primo les ofreció venderles la panadería si lograban reunir treinta mil. El resto lo financiaría con una hipoteca por noventa mil dólares.

pan

Esto es lo que hicieron Le y su mujer:
Decidieron seguir viviendo en el cuarto trasero. Durante dos años, vivieron con un total de seiscientos dólares y ahorraron los treinta mil para el anticipo. Después de comprar la panadería, todavía debían noventa mil dólares al primo, y decidieron seguir viviendo en ese cuarto un año más. Le Van Vu y su esposa, ahorraron virtualmente, cada centavo de ganancia del negocio, cancelaron la hipoteca de noventa mil dólares, y en apenas tres años, eran dueños de un negocio, libre de deudas.

¿Cree que Le Van Vu es millonario en este momento?

Me alegra decirle que mucho más que eso.

John Mc Cormack

alegria


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4 Responses

  1. Jorge Pinkus dice:

    La combinación perfecta para el futuro financiero positivo, siempre lo he dicho, es tener la meta clara, el propósito definido, el plan específico, la intensidad de acción necesaria y el vehículo para lograr lo anterior.

    La gran mayoría de la gente ni siquiera tienen el primer aspecto (meta clara), conformándose más bien con un anhelo o un deseo ambiguo. Al no tener ni siquiera el primer punto, obviamente tampoco tienen los siguientes cuatro. Pero, eso sí, se quejan amargamente de las injusticias de la vida.

  2. Daniel dice:

    Increible el poder que tiene esta gente de reponerse de las visicitudes de la vida, mientras la mayoria solo nos quejamos de que no llegamos a fin de mes…
    Y ahora con la excusa de la crisi aun esta peor el personal…
    ¡Gracias por esta inspiradora historia!

  3. diego dice:

    creo que la perseverancia es muy importante pero me gustaria preguntar la suerte exite o que hay que haqcer para prosperar
    no trabajo muy duro y tengo un negocio definido pero creo que me falta uno que me de prospreidad

  4. Angel Cervantes dice:

    Aqui esta la historia un poco mas completa. espero les guste y espero no infringir ningun copyright =)

    Dispuesto a pagar el precio
    Hace trece años, cuando Maryann, mi mujer, y yo estábamos poniendo en
    marcha nuestro salón de peluquería en Greenspoint Mall un vietnamita solía
    pasar todos los días para vendernos pastelillos. Apenas hablaba inglés, pero
    siempre se mostraba amistoso y, valiéndonos de sonrisas y signos,
    conseguíamos entendernos. Su nombre era Le Van Vu.
    Durante el día, Le trabajaba en una panadería y por la noche su mujer y él
    escuchaban cintas para aprender inglés. Después supe que ambos dormían
    sobre unos sacos llenos de serrín, en el suelo de la trastienda de la panadería.
    En Vietnam la familia Van Vu era una de las más ricas del sudeste asiático.
    Eran propietarios de casi un tercio de Vietnam del Norte, incluyendo grandes
    participaciones en la industria, además de tener inversiones inmobiliarias. Sin
    embargo, después de que su padre fuera brutalmente asesinado, Le se mudó a
    Vietnam del Sur con su madre y allí estudió hasta convertirse en abogado.
    Como su padre, Le fue prosperando. Tuvo la oportunidad de construir
    edificios para alojar a la colonia, en continua expansión, de norteamericanos en
    Vietnam del Sur, y no tardó en ser uno de los constructores de más éxito en
    todo el país.
    Sin embargo, durante un viaje a Vietnam del Norte fue capturado y
    enviado a prisión durante tres años. Consiguió escapar matando a cinco
    soldados y se las arregló para regresar a Vietnam del Sur, donde volvieron a
    arrestarlo. Para el gobierno survietnamita, había pasado a ser un infiltrado del
    norte.
    Tras haber cumplido su condena, Le fundó una compañía pesquera y
    terminó por convertirse en el fabricante de conservas de pescado más
    importante del país.
    Cuando supo que las tropas y el personal de la embajada de los Estados
    Unidos estaban a punto de retirarse de Vietnam, Le tomó una decisión que
    cambió su vida.
    Reunió todo el oro que secretamente había ido acumulando, lo cargó a
    bordo de uno de sus barcos pesqueros y navegó hasta llegar a uno de los barcos
    norteamericanos anclados en el puerto. Entonces, cambió todas sus riquezas por
    un pasaje que le llevara de Vietnam a las Filipinas, donde él y su mujer fueron
    alojados en un campamento de refugiados.
    Tras habérselas arreglado para contactar con el presidente de las islas, le
    convenció de que le confiara uno de sus barcos y volvió a dedicarse al negocio
    de la pesca. Dos años más tarde, antes de partir de las islas con destino a los
    Estados Unidos (el sueño de su vida), Le había conseguido dar un gran impulso
    a toda la industria pesquera filipina.
    Camino de los Estados Unidos, empezó a inquietarse y a deprimirse ante la
    idea de tener que empezar de cero una vez más. Su mujer cuenta cómo lo
    encontró una vez junto a la barandilla del barco, a punto de arrojarse al mar.
    —Le —lo increpó—, si haces eso, ¿qué será de mí? Hace tanto tiempo que
    estamos juntos, hemos compartido tantas cosas, que también podremos salir de
    esta situación.
    Ése fue todo el estímulo que necesitaba Le Van Vu.
    Cuando él y su mujer llegaron a Houston, en 1972, estaban sin un céntimo y
    no hablaban inglés. Entre los vietnamitas es norma que la familia se ocupe de la
    familia, de modo que Le y su mujer se encontraron cómodamente instalados en
    la trastienda de la panadería que tenía su primo en el Greenspoint Malí.
    Nosotros acabábamos de abrir nuestra peluquería a no más de sesenta metros
    de allí.
    Y ésta es la parte que conocemos como moraleja:
    El primo de Le les ofreció que trabajaran en su panadería. Deducidos los
    impuestos, Le llevaría a casa ciento setenta y cinco dólares semanales, y su
    mujer ciento veinticinco. Dicho de otra manera, que tendrían un ingreso anual
    de quince mil seiscientos dólares. Además, el primo se ofreció a venderles la
    panadería tan pronto como pudieran darle una entrada de treinta mil dólares
    en efectivo y él les financiaría el resto de la deuda, noventa mil dólares.
    He aquí lo que hicieron Le y su mujer:
    Aunque tenían un ingreso semanal de trescientos dólares, decidieron seguir
    viviendo en la trastienda. Durante dos años se lavaron en los baños públicos del
    barrio y su dieta se basó, casi exclusivamente, en los productos de la panadería.
    Cada año, durante esa etapa, vivieron con un total (sí, con un total) de
    seiscientos dólares, para poder ahorrar los treinta mil en efectivo para la
    entrada.
    Después, Le explicó cuál había sido su razonamiento:
    —Si buscábamos un apartamento, que nos hubiera costado trescientos
    dólares por semana, teníamos que pagar el alquiler y, además, comprar
    muebles. También tendríamos que pensar en el transporte para ir y volver del
    trabajo, lo cual significaba comprar un coche. Entonces deberíamos pensar en la
    gasolina y en el seguro del coche. Probablemente querríamos ir a visitar
    distintos lugares con el coche y para eso hay que tener ropa y otros detalles. Yo
    sabía que, si nos mudábamos a un apartamento, jamás llegaríamos a reunir los
    treinta mil dólares.
    Si el lector piensa que ya sabe todo lo que se puede saber de Le, debo
    decirle que todavía hay más: Después de ahorrar los treinta mil dólares y
    comprar la panadería, Le y su mujer volvieron a hablar en serio. Todavía le
    debían noventa mil dólares a su primo, dijo Le, y por más difíciles que hubieran
    sido los dos últimos años, tenían que seguir viviendo un año más en aquella
    trastienda.
    Estoy orgulloso de deciros que, en un solo año, mi amigo y mentor Le Van
    Vu y su mujer, ahorrando hasta el último céntimo de los beneficios de su
    negocio, saldaron los noventa mil dólares y que, exactamente en tres años,
    fueron propietarios de un negocio sumamente rentable y completamente libre
    de deudas.
    Entonces, y sólo entonces, la pareja salió en busca de su primer
    apartamento. Hasta el día de hoy siguen ahorrando regularmente, viven con un
    porcentaje muy reducido de sus ingresos y, sin duda alguna, pagan siempre
    todas sus compras al contado.
    ¿Quizá piense el lector que Le Van Vu ha terminado por hacerse
    millonario? Pues no; me encanta decir que es multimillonario.
    John McCormack

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